Facultad de Agronomía, UBA

CONTROL QUÍMICO DE ENFERMEDADES FOLIARES EN EL CULTIVO DE TRIGO

Ing. Agr. M Sc Marcelo Carmona

El trigo argentino tiene un futuro promisorio por conquistar. Las ultimas lluvias caídas en la región pampeana (4, 5 y 6 de octubre), el excelente precio logrado (130 dólares / tn) preanuncian un éxito en rindes y rentabilidad. Sin embargo también se acrecienta el peligro de los ataques de las e...

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Otro hecho muy importantes es que la principal región triguera argentina del sur y sudeste tiene actualmente variedades de trigo susceptibles principalmente a la roya del trigo, así como también a manchas foliares.
De acuerdo al estado fenológico actual del cultivo de trigo, la estrategia disponible para evitar los daños consiste en el uso de funguicidas. Esta técnica debe ser usada racionalmente para poder asegurar el retorno económico de la aplicación y evitar contaminaciones innecesarias. Como sugerencia, es importante recordar, que los fungicidas no deben aplicarse preventiva ni tardíamente, solamente y sí cuando los valores de una determinada enfermedad alcance el umbral de daño económico (UDE) (Carmona y Reis, 2001). Una excepción merece destacarse: en el caso de la "Fusariosis", donde por sus características epidemiológicas, el tratamiento debería ser de carácter preventivo.

Historia del uso de fungicidas en trigo en Argentina

Hace diez años atrás las aplicaciones de fungicidas foliares eran muy escasas o nulas y el tratamiento de semilla era muy diferente al actual. La grave epidemia de Fusarium graminearum de la campaña 1993 marcó un hito para desarrollar el escenario de funguicidas en trigo. Durante los últimos años el conocimiento del impacto de los daños y pérdidas de las enfermedades en la producción (Carmona, et al 2004 y 2005), el antecedente de otras epidemias severas de Fusarium graminearum (Moschini, et al, 2001), el desarrollo de métodos fáciles y sencillos para cuantificar a campo las enfermedades (Carmona, et al 1999), la adopción de los umbrales de daño como toma de decisión (Carmona & Reis, 2001), la comprobación de la importancia epìdemiológica de la semilla infectadas (Reis, et al. 1999 y Carmona, et al. 2006), la aparición de nuevas variedades de alto rinde pero susceptibles a las principales enfermedades, el desarrollo técnico y comercial del mercado de moléculas, han hecho que la aplicación de fungicidas se haya incrementado considerablemente.

Cuantificar la incidencia foliar de las enfermedades presentes

El monitoreo de las enfermedades en el cultivo debe comenzarse desde encañazón en adelante, porque durante el macollaje hay emisión rápida de nuevas hojas y ocurre una reducción de la intensidad de las enfermedades. Asimismo a partir de encañazón en adelante los daños y pérdidas causadas por las enfermedades resultan muchos más significativos. El monitoreo deberá consistir en dos visitas semanales para el seguimiento de royas (si es que se observan pústulas) y de una vez por semana para el de manchas. La determinación de la incidencia (porcentaje de hojas enfermas respecto al total de hojas) debe ser hecha separando las hojas verdes y expandidas portadoras de síntomas de aquellas sanas. Se considerará hoja infectada con roya aquella que presente al menos una pústula esporulante y hoja infectada por manchas foliares aquella que tuviera como mínimo una lesión mayor a 2mm. La recomendación por lote es la de tomar 50 macollos al azar en el cultivo siguiendo un recorrido en zig-zag, separar las hojas sin síntomas (totalmente sanas) de las que presenten síntomas y calcular.

I(%) = Número he / Th x 100 ( Donde: he=hojas enfermas, Th=total de hojas )

Fungicidas y su relación con los umbrales de decisión y la generación del rendimiento

El uso de fungicidas para controlar enfermedades foliares debe realizarse en el momento en que el cultivo pueda beneficiarse por el aumento del área fotosintéticamente activa debido al control de la enfermedad. Un fungicida no aumenta el rinde ni es una panacea por si mismo, sino que, sólo permite expresar el potencial de rendimiento del genotipo, eliminando el factor enfermedad. En muchos de los cultivos de granos se han determinado períodos fenológicos y fisiológicos denominados "críticos" por la importancia que tienen los eventos que ocurren dentro de los mismos y de sus interacciones con el ambiente, en la generación del rendimiento agronómico. El período crítico (PC) en el cultivo de trigo para la generación del rendimiento, comprende desde 20 a 30 días antes del 50% de floración y 10 días posteriores al 50% de floración (Fischer, 1985). Es justamente en este período donde el cultivo debe llegar con la mayor área foliar sana posible para que la absorción de la radiación sea óptima y pueda completarse la formación de las flores y el cuaje de los granos determinándose el número final de granos por espiga. El rendimiento del cultivo puede explicarse numéricamente por el número de granos por m2 (NG), y el peso de los granos (PG). El primer componente es el que mejor explicaría la variabilidad de los rendimientos. En este período un sombreado, stress o disminución del área foliar sana (menor absorción de radiación), afectará significativamente el número de granos por m2, principal componente numérico del rendimiento, además del peso de los granos. En este sentido los umbrales determinados hace algunos años (Carmona, et al 1999), están orientados para lograr preservar este período crítico del trigo del stress generado por enfermedades. Por lo tanto se aconseja no retrasar la aplicación, debiendo realizar un oportuno monitoreo desde encañazón y siguiendo orientativamente los umbrales de decisión.

Uso de los umbrales de decisión, la utilidad de la incidencia foliar

El concepto de Umbral de Daño Económico (UDE) se expresa como el valor de enfermedad en el cual la pérdida ocasionada equivale al costo de aplicación del fungicida. Además, para formular la recomendación práctica al productor es necesario calcular el Umbral de Acción (UDA), es decir el valor de enfermedad en el cual deberán efectuarse las aplicaciones para evitar que se alcance el UDE. Considerando la eficiencia del control químico, no se debe permitir que la incidencia y/o severidad exceda el UDE, (relación de indiferencia). La aplicación debe realizarse un poco antes, debido a que tanto la implementación del control así como la acción del fungicida, demandan tiempo. Como el UDA siempre es menor al UDE, se propone, preliminarmente, un UDA de 5 puntos inferiores al UDE.

El valor del UDE no es fijo, es por eso que se deberá calcular su valor en cada campaña en función de las oscilaciones de precio del trigo y del fungicida

Cuando ocurren conjuntamente en un cultivo dos o más enfermedades (ej royas, y manchas foliares) la primera que alcance el UDA determinará el momento para la primer aplicación. Una posterior aplicación será hecha siempre que alguna de las enfermedades alcance otra vez el UDA.

No se recomienda sumar los UDA de dos o más enfermedades. Generalmente siempre existe la predominancia de una de las dos enfermedades que finalmente guiará la decisión. Los cultivares clasificados como resistentes a roya de la hoja (R) no responden económicamente al control químico

Umbrales de referencia (2007)

Manchas: Si la incidencia alcanza 30-40 % es conveniente decidir la aplicación para manchas foliares
Roya: Si la incidencia alcanza 5-10 % es conveniente decidir la aplicación para royas
Recordar que cuanto mas se deje crecer el nivel de enfermedad mas allá de los umbrales , menos eficiente serán los funguicidas

Fungicidas disponibles:

Los fungicidas son sustancias químicas que, aplicados a las plantas, las protegen de la penetración y/o posterior desarrollo de hongos patógenos en sus tejidos (Fungicida: del latín, fungus = hongo + caedo = matar; sustancia química que mata hongos).
La palabra fungicida puede sugerir que estos compuestos químicos matan todos los tipos de hongos con mayor o menor selectividad. Sin embargo, eso no es verdad, porque todavía no se dispone de un único fungicida que mate todos los hongos indistintamente de sus clasificaciones taxonómicas.
Una sustancia química para ser fungicida no necesita matar al hongo. Algunas controlan enfermedades inhibiendo el crecimiento miceliano o su esporulación. Estas son llamadas sustancias fungistáticas y antiesporulantes.
La existencia de fungicidas sistémicos del grupo químico de los triazoles, y los nuevos principios activos mesostemicos derivados de las estrobilurinas fungitóxicos a los agentes causales de las royas y manchas, ofrecen una medida segura de control en los cultivares susceptibles.
Para aquellos lotes donde el potencial de rendimiento resulte elevado, es conveniente la elección de la mezclas de estrobilurinas + triazol por combinar mecanismos y modos de acción y sumar el efecto preventivo, curativo y erradicante. No es aconsejable disminuir las dosis recomendadas. Disminuir las dosis pone en riesgo la residualidad del funguicida y la sensibilidad de las cepas al funguicida (resistencia del hongo al producto).

a) Triazoles: Fungicidas inhibidores de la síntesis de esteroles (ISE). Eficientes para manchas foliares, oidios, royas y algunos para fusariosis.

Son aquellos absorbidos por las raíces de las plantas y a través de las hojas, siendo, posteriormente, translocados por el sistema conductor de la planta (xilema). Translocación es el movimiento del compuesto químico dentro de la planta hacia tejidos distantes del punto de aplicación. La más común es la translocación vía xilema o acropetal, como ocurre con los bencimidazoles y triazoles. Los triazoles se translocan principalmente vía xilema, sin embargo, presentan una translocación parcial vía floema.
Estos fungicidas fueron desarrollados en la década de 1960, primeramente, para combatir micosis en seres humanos. Los esteroles son componentes funcionales en la protección y el mantenimiento de la integridad de la membrana. Los lípidos son los principales componentes estructurales de la membrana plasmática, además de las proteínas. El principal lípido de la membrana plasmática de los hongos es el ergosterol. La síntesis de este compuesto en los hongos se realiza a través de la acción catalítica de l acetil-CoA.. Los fungicidas ISE actúan en la formación y en la selectividad de la membrana plasmática. El mecanismo de acción se debe a la dimetilación en la posición 14 del lanosterol o en la posición 24 del metileno dihidrosterol, precursores del esterol.

Un gran número de fungicidas presenta este mecanismo de acción: Triazoles (bitertanol, bromuconazol, ciproconazol, difenoconazol, epoxiconaxol, flutriafol, fluquinconazol, hexaconazol, metconazol, propiconazol, tebuconazol, tetraconazol, triadimefom, triadimenol, triciclazol, triticonazol), imidazoles (imazalil, procloraz),

b) Estrobilurinas: Fungicidas eficientes para manchas, oidios y royas.

Estos fungicidas no son sistémicos pero penetran en la hoja. Estas moléculas forman : (a) un depósito libre que puede ser redistribuido por el agua; (b) un depósito más cohesivo en la superficie de la hoja, resistente a la intemperie; (c) un depósito fuertemente asociado con la capa de cera cuticular, muy resistente a la remoción o lixiviación por la lluvia, posibilitando un efecto residual más prolongado; la redistribución en la superficie foliar ocurre a través de la absorción continua a partir de la capa de cera cuticular de las hojas hacia el interior del órgano y también a través de la fase vapor y reabsorción por la cera cuticular, y (d) una fracción que penetra en el tejido foliar.
Las estrobilurinas inhiben la respiración mitocondrial debido al bloqueo de la transferencia de electrones en el complejo del citocromo-bc 1. El sitio de acción es la oxidoreductasa ubihidroquinona-citocromo-c, interfiriendo en la disponibilidad de oxígeno para la célula. Esto interfiere en la formación de ATP -energía vital para el crecimiento de los hongos. Se aconseja siempre aplicarlas junto a otra molécula como las del grupop de los triazoles

c) Benzimidazoles: (Benomil, carbendazim, tiabendazol, tiofanato metílico). Solamente eficiente para fusariosis.

Este grupo al igual que los triazoles, son sistémicos.
El modo de acción de los fungicidas bencimidazoles está basado en sus efectos sobre la integridad de la tubulina. Los microtúbulos son hélices alternadas de  y -tubulinas que forman una parte esencial del citoesqueleto y activas en la formación del huso y en la segregación de los cromosomas en la división celular. Los benzimidazoles interfieren en la mitosis durante la división en la metafase. El huso mitótico es distorsionado y los núcleos hijos fracasan en la separación, resultando en la muerte de la célula. Su acción fungicida e interferencia en la síntesis de ARN, paralizando la división nuclear, es semejante a la colchicina. El montaje del microtúbulo es evitado a través de la unión con la tubulina

Ing. Agr. M Sc Marcelo Carmona, Facultad de Agronomía, UBA

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