Se acerca la siembra de gruesa y una vez más, nos encontramos con la necesidad de pensar en la fertilización. Muchos de los productores ya tienen resuelto el tema de la provisión de fertilizantes. Otros están justo en el momento de tomar las decisiones.
Las expectativas de siembra de maíz son altas, las de siembra de soja, ni que hablar: son altísimas, así que se supone, por la experiencia que nos dieron los años en esta actividad, que el consumo de fertilizantes de este año va a aumentar con respecto al año pasado.
Es bueno que sea así, si pensamos que ya llevamos dos años en que la reposición de nutrientes al suelo es la tercera parte de la extracción. Si yo fuera propietario de campo, estaría más que preocupado por ese balance.
Además, podemos deducir que son varios los motivos por lo que creemos que el consumo va a ser mayor: el aumento de superficie de siembra de maíz y soja, liquidez del sector, relación insumo producto, convencimiento por parte de los técnicos y productores que hay que aplicar tecnología para que la inversión sea rentable y el esfuerzo no sea en vano.
La mayoría de los técnicos que son referentes en el tema, afirmaron que una de las variables que se pudo haber corregido la campaña anterior, fue la densidad de siembra. Este análisis surgió de pensar la humedad que había en el suelo y la que se esperaba de acuerdo a los pronósticos de escases de lluvia que se anunciaban. Con eso, hubiéramos logrado que la poca humedad disponible se hubiera distribuido mejor entre un menor stand de plantas por hectárea. De más está decir que con los nutrientes que hubiera ocurrido lo mismo. Creo que es muy buen razonamiento.
En este momento, por lo que venimos midiendo, estamos con mas cantidad de agua en el perfil que el año pasado y los pronósticos de lluvias para los meses de septiembre-diciembre, son también más alentadores.
De ahí surge que debemos decidir las dosis y los fertilizantes a utilizar. Aprendimos, que si hay buena humedad y se realiza una fertilización adecuada, no homeopática o a “ojímetro”, el cultivo tiene la nobleza de retribuir la inversión realizada. De más está decir que el nitrógeno en maíz es lo representativo.
Conversando con técnicos que conocen del tema, de manera que lo hacemos cuando escuchamos a un especialista en semillas o agroquímicos, podemos encontrar el mejor equilibrio.
Pareciera que, como en los años anteriores, el mercado de nitrogenados es el que está un tanto incierto con respecto a precios y disponibilidad. Si por esas casualidades no llegamos a conseguir lo que utilizamos habitualmente, sería conveniente, buscar con anticipación, alternativas de otros productos para reemplazos. Esto nos va a dar la seguridad de poder contar con ellos en cantidad y momentos adecuados para que, como dije anteriormente, nuestra inversión sea aprovechada al máximo.
Permítanme sugerirles que los que van a sembrar maíz o girasol, sobre soja, hagan un análisis de suelo fundamentalmente midiendo nitrógeno. Todos los resultados que vi hasta el momento de productores o en distintos laboratorios, coincidieron que da muy bajo la disponibilidad de ese nutriente.
Conversando con varios técnicos que monitorean siembras en diferentes zonas, sabiendo que la soja es gran consumidora de N, coincidieron que en la campaña anterior, el cultivo se nutrió del nitrógeno del suelo. Y es muy lógico pensar esto, debido a que las bacterias, para desarrollarse y producir nódulos funcionales, necesitan tener buena humedad y el año pasado todos los cultivos de soja sufrieron la sequía justo en el momento de su desarrollo.
Por eso este año es fundamental el análisis de suelo. Es muy económico en función de los resultados obtenidos.
Desde ya no dejen de consultar a su asesor e intercambiar opiniones para que de esa manera se pueda tomar la mejor decisión.
Que estén bien.
Ing. Agr. Javier Martín Cúparo