El bienestar de las colmenas

No es posible soslayar que las abejas tiene la particularidad de producir alimentos de consumo humano, pero a la vez, por su actividad polinizadora (principal rol en la naturaleza), devienen en elementos indispensables para potenciar el desarrollo y las producciones agrícolas ...

Conciencia Rural - Apicultura - El bienestar de las colmenas

que demanda las crecientes necesidades de alimentos para el hombre, lo que conllevará, de manera forzosa, a que sean trabajadas en sistemas productivos cada vez más modernos, intensivos y sostenibles, tomando en consideración la diversidad de ecosistemas donde estos insectos producen, atenazado el futuro productivo del sector, por las variaciones ecológicas que el propio hombre provoca con la modernidad e influencia en el cambio climático. (Verde y Demedio,  2010).
Hoy la apicultura mundial se practica en ecosistemas en su mayoría deteriorados por estas causas, sin dejar de mencionar los impactos drásticos provocado por las guerras, la pérdida de flora melífera por la tala o poda indiscriminada; la urbanización; los desplazamientos de los asentamientos humanos hacia áreas que otrora fueron de cultivos o de abundante flora silvestre entomófila; el desarrollo de nuevas áreas agrícolas, incorporadas para dar respuesta a la demanda de alimentos a expensa de cultivos –bien sean transgénicos, monocultivos (no melíferos) para la producción de biocombustibles o cultivos dependientes de plaguicidas que, por paradoja, también dependen de las abejas como agentes polinizadores- y las contaminaciones ambientales por emanaciones de gases de diversos orígenes, lluvias ácidas, etc. (CENSA, 2008 y Ribeiro, 2008).
La Agencia brasilera Carta Mayor de Noticias (Brasil, 2011), dio a conocer los resultados de un estudio realizado a petición del Secretario General de las Naciones Unidas (ONU), Kofi Annan, donde se advierte que el mundo corre el grave riesgo de un colapso ambiental, afirmando que alrededor de 60% de todos los ecosistemas del planeta están degradados o se utilizan de forma insostenible. Al respecto Harold Mooney de la Universidad de Stanford puntualizó:
…"el último medio siglo puede cambiar las estructuras de los ecosistemas mundiales a un ritmo más rápido que en cualquier otro momento en la historia. Estos cambios, por un lado, serán el resultado de la intervención humana para aumentar la superficie y la productividad de las áreas de producción de alimentos, lo que, normalmente, es visto como un factor de progreso. El  principal problema radica en que esto se hizo con la creación de grandes áreas de monocultivo (destructivos de la biodiversidad) y con un uso intensivo de plaguicidas. Uno de los resultados de este modelo, además de la destrucción de la biodiversidad, es el envenenamiento de las fuentes de agua o incluso su desaparición. Por otra parte cada especie animal o vegetal extinguidas, representan un sesgo de ecosistemas enteros”.
¿Acaso no constituyen estos elementos ambientales, sociales y culturales el soporte primario fundamental del bienestar de todas las especies de animales productivos?
¿Se puede prescindir del confort de los habitad como escalón primario de la cadena que forma el bienestar animal?
Lamentablemente en el discurso de la mayoría de los decisores que intervienen en políticas de impacto ambiental y alimentario, no se puntualiza la dependencia creciente de la abeja (melífera o nativas), para asegurar la cadena alimentaria pues, el propio laboreo intensivo de la tierra destinada a los cultivos, la progresiva urbanización por el crecimiento demográfico y el conjunto de factores antrópicos antes señalados, conllevan a la destrucción de los nichos naturales de otros animales polinizadores (mariposas, abejorros, pájaros, murciélagos, etc.), tomando la abeja protagonismo por la posibilidad que brinda al hombre para ser manipulada, a lo que se suma sus excelentes cualidades como polinizador.
Yangari (2008), Máster en Control Biológico en Ecuador, remitiéndose a un informe de la FAO, señaló que de las 100 especies de vegetales que proveen 90% de los abastecimientos alimenticios en 146 países, 71 son polinizadas por las abejas, mientras que 80% de las especies de plantas silvestres dependen de los insectos para su fecundación.

Retomando entonces la pregunta antes formulada: ¿Qué relación guarda el bienestar animal con este desafío alimentario colosal que hoy enfrenta la humanidad?, se puede afirmar que:
“Cubrir las crecientes demandas de alimentos de origen animal de calidad inobjetable, solo será posible en sistemas productivos modernos, eficientes, intensivos y sostenibles, bajo políticas agroecológicas que consideren y respeten los requerimientos del bienestar animal, en equilibrio con la diversidad biológica de los ecosistemas donde se desarrollan e interactúan con la cadena alimentaria del hombre. No sería práctico ni viable de cara al futuro, tener sistemas productivos que aseguren el bienestar animal, pero soslayen la sostenibilidad.
Por otro lado, FAO (2009), puntualizó, que el bienestar de los animales no deberá considerarse de manera aislada sino como una cuestión imbricada en el seno de objetivos socialmente importantes, entre los que cabe destacar la inocuidad y seguridad alimentaria, la salud humana y animal, la sostenibilidad ambiental, la seguridad en el trabajo, el desarrollo rural, la igualdad de género, y la justicia social.
Y… ¿La Apicultura? ¿Por qué y para qué abordar el tema “bienestar de las colmenas” en este contexto?
Siendo la Apicultura una actividad agropecuaria que genera alimentos zoógenos para consumo humano, productos nutracéuticos y otros de interés para la industria;  necesariamente en ascenso y dependiente del hombre cuando está sometida a sistemas de manejo modernos e intensivos, muchas veces incluso, inserta en agro ecosistemas rediseñados, al igual que ocurre con todas las especies que producen alimentos de esta naturaleza, permite suponer que resulta tributaria de los cinco conceptos o principios fundamentales que para el Bienestar Animal señalara en su Proclama la Sociedad Mundial para la Protección Animal (WSPA), la que, en su Artículo 4 referida a los animales dependientes de los seres humanos establece (Vidal, 2010):
1.    Necesidad de no sufrir hambre o sed: Acceso constante al agua fresca o a una dieta para mantenerlos vigorosos y en buen estado de salud.
2.    Necesidad de no sufrir incomodidad: Proporcionando un ambiente apropiado, incluso  resguardo y un área de descanso cómoda.
3.     Necesidad de no sufrir dolor, lesión y enfermedad: Por medio de la prevención, un diagnóstico rápido  y  el tratamiento necesario.
4.    Necesidad de no sufrir miedo y dolor: Asegurando las condiciones y tratamientos que eviten un sufrimiento.
5.    Necesidad de poder expresar su normal comportamiento: Proporcionando especio suficiente, instalaciones apropiadas y compañía de animales del mismo tipo.
Para aplicar estos 5 preceptos generales del bienestar animal a la actividad apícola en particular y referirse (o no) al “bienestar de las colmenas”, es razonable entonces, depurar conceptualmente donde recae para esta especie la consideración de animal (individuo) como ente productivo: si en la abeja aislada o en la “colmena”, lo que queda despejado con la definición que al respecto reseñaran Verde y Demedio 2010):
-    “… La colmena abarca el conjunto de individuos (las abejas) y los elementos orgánicos e inorgánicos que, a manera de un complejo dinámico, a su vez interactúa con las comunidades de elementos vegetales, animales y su medio no viviente. Una abeja melífera sola, desde el punto de vista productivo no representa nada y como forma de vida es efímera y sin futuro. Es la colonia como un todo la unidad biológica funcional que se relaciona y forma parte indisoluble de los ecosistemas donde habita. Una colmena en sí misma es un ecosistema y se comporta como la Unidad Básica Funcional o como una Unidad Epizootiológica.
Si en el contexto agrícola actual el hombre depende cada día más de la abeja como polinizadora, con el necesario desarrollo agropecuario esta dependencia irá en aumento en la misma medida que se amplíen e intensifique el sector para satisfacer las crecientes necesidades de alimentos de la población humana mundial, con la correspondiente demanda de productos de origen animal. Esto indica la urgencia de que sea considerada la Apicultura como una rama de interés estratégico dentro de las políticas agrarias y sociales de los países, sobre todo de aquellos en desarrollo y, dentro de estas políticas de Estado de impacto social y ambiental, la inclusión de la atención Médico Veterinaria a la rama, por ser productora de alimentos zoógenos, los que tienen que cumplir requisitos que aseguren la inocuidad y trazabilidad para propiciar con ello se cumpla la misión de los Servicios Veterinarios, aspectos todos que percibe el bienestar del animal y se constituyen en premisa para obtener de las colmenas las producciones esperadas en condiciones de salud óptima, como antesala para la calidad total.
Cuando hacemos una valoración crítica de la mayoría de los Programas que se proponen para el control de las enfermedades que afectan a las abejas, algunas tan peligrosas como la varroosis (parasitaria) o como las loques (bacterianas), salta a la vista cómo especialistas e instituciones dejan abiertas las puertas para que queden posibilidades de elección a los apicultores, recayendo en ellos el peso de la “decisión sanitaria que asuman con sus colmenas”, sin inmiscuirse ni asomarse a los aspectos organizativos esenciales que determinan las buenas prácticas, como paso primario y fundamental para mantener la salud colectiva de las poblaciones de abejas y con ello el bienestar animal en la especie.
Los cinco principios descritos para el bienestar animal son válidos y aplicables a las colmenas y la transgresión de estos hoy cobra su cuota económica millonaria a la agricultura (por la pérdida de los cultivos) y a la apicultura, con la muerte de colmenas. Hacer un abordaje veterinario en la apicultura actual, implica cambiar los enfoques, para poder dar solución a problemas nuevos en una especie con características particulares y de un manejo zootécnico que demanda exquisitez y precisión, dejando atrás métodos tradicionales y detenidos en el tiempo. La abeja y la apicultura toman ahora otro protagonismo social, económico y ambiental.

Mayda Verde Jiménez.
 Sociedad de Higiene de los Alimentos.
Consejo Científico Veterinario de Cuba
 maydaverde@infomed.sld.cu

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